Llegamos a tu casa,
bien vestidos,
todos sonrisa.
Nos bajamos
la primera botella de vino...
Todo está bien.
Palabras sagaces
salen sin pensarlo;
ser cool no era tan difícil
como lo pintaban.
Hasta que la mirada
comienza a extraviarse,
las ideas,
desdibujarse.
Vamos cayendo sin saberlo.
Vamos dejando de entendernos.
* * *
En la copa se puede encontrar al espíritu amable que brinda ligereza y gracia al discurso. Pero allí mismo está agazapada la pesadez de los sentidos nublados. Pensando en esto, durante cierto periodo del 2018, tratamos de prescindir de cualquier estímulo etílico. Llegamos a tal punto que , incluso, renunciamos al café.
Sobra decir que, si bien fue un experimento que duró poco, aún no sabemos si por la fuerza del llamado de la botella o por nuestro propio hastío, no fue en vano. Hoy, por ejemplo, podemos nombrar las calles que nos llevaron a esos arrabales donde nos escampamos; tienen nombre de mujer.
...Es que ella trae consigo el vacío de mis abismos… no es que sea alcohólico...
...Es que ella trae consigo el vacío de mis abismos… no es que sea alcohólico...
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