En el último video del youtuber
musical Alvinsch, se cuestiona por qué ya no se escucha música triste.
Acá unos pensamientos que
parten de esta pregunta:
La música triste arrejunta
neones de ciudad postindustrial con solitarios parajes bucólicos y le grita a
los oyentes: “esto es en lo que ustedes se han convertido”.
Música es lo que hace vibrar
algo que no podemos ver vibrar adentro. Así pues, quien se siente vibrar con
música triste, tendrá que admitir que está triste, lo cual hoy por hoy, está
mal visto.
En un país que ya no existe,
producto de la reorganización geopolítica de inicios del siglo XX, era un
crimen no tener LPs que recordaran una lluvia un jueves de octubre a las 5:30
de la tarde.
Ahora un testimonio: “Hacer
una canción tremendamente triste fue mi sueño desde los 14 años. Quería
arrebatarle pucheros a jovencitas en cuartos oscuros cada vez que escucharan mi
guitarra.”
Escuchar música triste es educación
emocional.
Escuchar música triste es ser
desobedientes.
Escuchar música triste es un
gusto adquirido tanto como lo es hablar.
La música triste me permite
saber qué se siente ser un detective en una ciudad gringa del futuro.
La música triste me permite
saber qué se siente ser una ensimismada habitante del Amazonas precolombino.
La música triste fue la
ventana que los 7 sabios abrieron y olvidaron cerrar.
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